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26 marzo 2011

Porvenir del PLD y las revelaciones de Pedro Mir

Nelson Guillén
Nelson Guillén
A principio de la década de los ‘70, en el antiguo Centro de Convenciones que hoy ocupa el Ministerio de Cultura y que originalmente sirvió de sede al tristemente célebre Partido Dominicano, el profesor Juan Bosch y el poeta nacional, don Pedro Mir, encabezaron un acto en el que ambos mostraron al país la extraordinaria admiración que se prodigaban, y en el que dieron a conocer importantes detalles de su accionar político y literario.

Fue una noche mágica, distinta, en la que los elogios que se dispensaron estos dos colosos de las letras latinoamericanas arrancaban delirantes aplausos a la concurrencia, sobre todo, porque el acto se producía en momentos en que la represión política golpeaba con crudeza a la juventud dominicana y en el que los epítetos contra Juan Bosch consumían las energías de una parte importante de la izquierda revolucionaria dominicana.
En el acto, que había sido convocado para celebrar el cumpleaños de don Pedro, el autor de La Mañosa describió las virtudes del festejado con inigualable maestría y sus palabras, cargadas de emoción, fueron premiadas con estruendosos aplausos.
A mi juicio, la mayor ovación la recibió cuando comparó las actitudes asumidas por Mir y Juan Isidro Jimenes Grullón durante los entrenamientos para la invasión de Cayo Confites, que tenía como propósito derrocar el régimen oprobioso de Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Contrario a la actitud asumida por Jiménes Grullón, quien sudado y tembloroso le habría solicitado permiso para abandonar la expedición, el fundador del PLD dijo que Pedro Mir, a quien definió como un hombre físicamente “enjuto”, pero de gran valor personal, se negó a abandonar los campos de entrenamientos, cuando le ordenó que se retirara porque él era artista, “y los artistas no nacen para matar”.  Mir permaneció en los campamentos, al alegar que Bosch también era artista y venía a su tierra a luchar por la libertad.
Después de ese episodio, el poeta nacional escribió “Contra canto a Walt Witman”, una obra por la que, según confesó esa noche, Bosch estaba dispuesto a dar todas las que había escrito.
Al dar las gracias en el acto, don Pedro Mir reveló, y para mí quizá fue el elemento más importante de la actividad, que la madre del doctor Jiménes Grullón, le había dicho que si su hijo, Juan Isidro, y Juanito (Juan Bosch) se mantenían unidos, le darían grandes frutos al país y que si ocurriría lo contrario, si por alguna razón, se distanciaban, sería perjudicial.
La historia demostró que la madre del médico e intelectual tenía razón. Que sus palabras eran premonitorias, porque su hijo, resentido por el peso de un liderazgo superior que lo obligaba a permanecer de retén en la dirección política, o aguijoneado “por la pérdida del amor de una mujer”, sería depositado en el zafacón de la historia, al ponerse al servicio de sectores conspirativos que cercenaron la voluntad popular en 1963 y eclipsaron la soberanía nacional en 1965.
Como dijo la madre de Jiménes Grullón ayer, hoy podemos decir lo mismo con Leonel y Danilo. La unidad de propósitos de estos dos viejos amigos  da seguridad a la patria, le evita retrocesos innecesarios, garantiza la estabilidad macroeconómica y, en consecuencia, le otorga confianza a los agentes económicos, mantiene la gobernabilidad y permite que desarrollemos, sin contratiempos, la Estrategia Nacional de Desarrollo, que debe ser el gran legado que el PLD le deje a las futuras generaciones.

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